He necesitado volver a ver Perdidos para entender que ya no voy a quererte nunca más.
A veces te miro y sigo pensando que eres la parte buena de todo lo que nunca tuvo una. Y cuando estoy a punto de decir algo a lo que no sepas contestar, te recuerdo del otro lado de la mesa, mirándome con pena, sin disimular que no encuentras nada en mí que la merezca.
¿Sabes? A veces pienso que lo único que necesitaba era que me acariciaras el pelo y me dijeras en voz baja 'un día vamos a morir' como si fuera una promesa.
Pero ayer estaba cortándome las uñas y supe que ya no te quería y que no volvería a hacerlo en toda mi vida.
Y estuve tranquila, porque por fin he descubierto por qué me he empeñado en hacer de ti el eje que vertebra todos mis días, el leitmotiv de la sinfonía de mi vida.
Porque algún día buscaré entre todas mis libretas y cajas y recuerdos y anuarios y lápices y vestidos y necesitaré encontrar escrito donde menos lo espere
si algo sale mal, tú serás mi constante.
