lunes, 23 de febrero de 2015

La carencia inmemorial.

En esta hora el miedo eclosiona la crisálida del pecho. Te presentas ante mí como un dios antiguo, lleno de perfume gris y de melodías gastadas, exigiéndome devoción. Y yo, que no sé hacer otra cosa que adorar, adorar, adorar... Mis ojos sólo hablan de piedad. Mi boca sólo contempla el fervor. Mi cuerpo es un sacrificio de comunión; mi carne, una ofrenda quemada. Y tú, a cambio, te desnudas; pero no hay manera alguna de borrar los enigmas de la piel. Portas en las manos manantiales de palabras incomprensibles, de palabras incomprendidas, que corren desde tus dedos hacia mí. Sobre mí, que soy desierto. Esparces alimentos sobre mi hambre sagrada. Y cantas. Me cantas, a mí que soy silencio.

Mis durmientes ya no encuentran reposo.
Mi garganta escupe sal.

Yo poblaré tu silencio de imágenes.
Yo beberé de tu sed.






lunes, 16 de febrero de 2015

Escribo porque te desconozco.

Es decir, si pudiera encontrar las palabras justas para ti las copiaría en un papel y lo abandonaría en lo alto de la estantería; ya no necesitaría escribir y podría ocupar mi tiempo en ver más películas, en llevar al día las lecturas de epistemología o en ordenar la habitación. Pero el problema es precisamente ése: que no te conozco y tampoco conozco las palabras justas para describirte. Por eso busco, incansable, una palabra sinuosa que encaje perfectamente con las líneas de tus manos. Porque desconozco cómo son tus manos cuando se abren al dar. Por eso busco, obstinada, un fonema que en lugar de sonidos recuerde a colores. Porque desconozco tu tonalidad y desconozco tu luz. Tenaz y absurda, busco un lenguaje que reconstruya la anatomía de tu dicción, de tus ojos al mirarme, de tus dudas, de tu boca. Porque no conozco nada de esto. Y porque, al escribir, a veces creo hallarlo.

Porque ahora mismo podría estar viendo cualquier película o leyendo epistemología u ordenando la habitación. Pero lo peor es que podría estar a tu lado.

Y estoy escribiendo.



lunes, 2 de febrero de 2015

Las palabras siempre están del otro lado.

'Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe'.


Háblame de mí. A mí, las palabras...

No puedo traducir la sustancia de mi mente. No existe lugar en este mundo para esos signos. Desearía crear un trazo, una palabra, un poema... Pero yo no soy capaz de crear. 
Soy solamente un cuerpo vacío que gime en medio de una masa convulsa que gime también.

En esta hora yo y las que debería ser nos encontramos en un lugar lleno de niebla.
-Tú nunca has sido fuerte -se burlan.
-Tú nunca has sido sincera -recrimino a una- y tú nunca has sido posible -a la otra.
Enmudezco. Ellas son las dueñas del lenguaje, lo modifican, lo deforman, lo traen a este lado. Ellas son las que existen, no yo. Tal vez la única manera de saberme, tal vez la única manera en la que existo sea contemplando una mancha de mi sangre en la pared, la línea de mis hombros abatidos, el diálogo silencioso entre mis manos y el mar.

Tengo miedo. Más bien, es el miedo el que me tiene.

Y estoy sola. Esta noche es cierta y tiene sed.
Y mis ojos están líquidos...