martes, 14 de octubre de 2014

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'una ventana abierta 
en una habitación de la que no tienes la llave'


Tengo la teoría de que todo cuanto nos pasa nos sucede por hallarnos en el lugar equivocado en el momento incorrecto. Si estuviéramos siempre en el sitio y el instante adecuados nada podría empujarnos fuera del equilibro; nuestras vidas tendrían tan poco argumento como aquellas películas de autor que nunca terminaba de ver.

Por eso tú.

Quién sabe; una sonrisa tranquila, una voz pausada, un bolígrafo en el suelo, algún fragmento de Utopía. Tampoco yo lo recuerdo.

El caso es que de algún modo supe que jamás te sabría adivinar. Supe que habías aparecido en forma de interrogante y que yo jamás necesitaría una respuesta pero sí una buena pregunta. No importaba si, después de todo, había complejidad o simpleza debajo de tu piel; lo importante eran las láminas que te cubrían. Y aquello... aquello era imposible de apresar. (Ya ves: todo por mi fatídica propensión a creer que siempre hay algo de cobarde en los deseos factibles). 

Y palpaba mis propios límites. Nunca nada había estado tan fuera de mis palabras. No había frase capaz de servirme de espejo para lo que me ocurría por dentro. No había idioma capaz. Escribiera lo que escribiera sobre ti, estaría hablando sobre cualquier otra persona que no fueras tú. Y todo aquello era completamente nuevo para mí.

(Pero para todo hay una primera vez).

Ahora sé que por ti habría perdido el equilibrio. Pero no de esta manera.

Llega el frío y queda poco por hacer.

Es decir; cerrar la libreta, sacar la ropa de invierno, tal vez cortarme el pelo. Lanzar la llave, en resumen.

Y esperar otro lugar erróneo, otro momento desafortunado.


miércoles, 8 de octubre de 2014

'Que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones'.


En el principio, 
destruiste mi cielo y mi tierra.

Convertiste mis costillas en tu cuna

justo antes de darte cuenta
de que ya no me cabías en el pecho.

Y la serpiente resultó ser la más astuta entre todas nuestras bestias,

pero no sabía que haberte conocido era ya haber pecado
y nadie nos pudo expulsar de un lugar en el que no habíamos estado jamás.

Huimos con la señal de Caín en la frente,

con la sangre de Abel todavía fresca en nuestras manos

hasta que volviste a mí como un diluvio

y lo barriste todo.

Confundimos nuestras lenguas en Babel

y en el resto de ciudades de tu cuerpo.

Nadie nos prometió ser grandes,

pero éramos dos
y nos sentíamos pueblo.

Vagué por el desierto de tu ombligo cuarenta noches

antes de llegar a tu tierra prometida.
Te inclinaste ante la imagen de ti que veías reflejada en mis ojos
idolatramos nuestro miedo
adoramos nuestras ganas
quemamos todos los templos.

Nacimos en cuerpos de carne

-nosotras
que siempre habíamos sido espíritu-.
calmamos tempestades
curamos enfermos
derribamos altares.

Me nombraste reina sobre todos tus tiempos

colocándome una corona de espinas sobre la sien
Me vendiste por treinta palabras.

Me fijaste en la cruz que yo misma había construido

y me resucitaste al tercer día.


Ya ves: 
quisimos ser mucho más que polvo
y ahora no tenemos sitio al que volver.











viernes, 3 de octubre de 2014


'El pájaro rompe el cascarón
El cascarón es el mundo. 
Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo'.





Qué difícil es nacer.

Creía que podría ser capaz de decir algo más.  Ahora que se me abate el pecho y algo turbio me recorre las arterias.  Ahora que llevo en la frente la marca de Caín.  Que tengo la mirada frágil, los días rugientes y las noches mansas. 

Cuando me digas que salte ya lo habré hecho.  Y nunca habré tenido alas pero tampoco miedo a los precipicios.

O tal vez sólo necesite una pausa.  Un breve interludio antes de la vuelta al conformismo más salvaje.  Tal vez sólo me permitan una pausa.


La que soy debajo de la máscara va a extirparse la voz.