Sigo pensando en ti como si te escribiera.
Porque en alguna parte de mí sigo pensando que las palabras van a llevarse todo este viento. Van a domesticar tormentas, van a revertir el huracán que hay debajo de tus párpados cuando me miras de ese modo.
Sí, de ese.
La ciudad está llena de muertos. Hay cadáveres en cada automóvil, en cada supermercado. Los puedes ver andando por la sección de congelados, muertos de frío, muertos de miedo, muertos de silencio. Míralos: piensan en la muerte y olvidan que la muerte no piensa en nadie.
Pero yo sigo pensando en ti. Y tú también piensas en mí porque estás aquí, a mi lado. Asistiendo al funeral de la curva que un avión dibujó en el cielo. Cría cuervos: será mejor que alguien nos arranque los ojos cuando se nos caiga la venda que los cubre.
Estás a mi lado, rindiéndote. Igual que los valientes a los que no enfoca ninguna cámara.
Y yo estoy a tu lado, muriéndome de ganas de besarte en todos los idiomas del mundo hasta que todas las putas lenguas se extingan. Y las nuestras sigan siendo fuego.
Pero sabemos que en caso de incendio vamos a tener que rompernos. Y no podemos permitirnos ser un polvo que acabe en cenizas en una ciudad llena de muertos.
Porque todo el mundo muere en primavera, me dices.
Porque se puede morir de tantas cosas.
Pero yo me estoy viviendo de ganas de quedarme aquí, a tu lado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario